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El asceta del Himalaya

Había una vez en las montañas del Himalaya un asceta practicante en busca de la verdad. Él simplemente buscaba la Enseñanza que lo alejara de los sufrimientos, no deseaba el oro del mundo ni la gloria del reino de los dioses.

Un dios conmovido por el comportamiento del asceta quiso probar su verdadero espíritu. Para eso, apareció ante él transformado en un horrible demonio y cantó: “Todo cambia, aparece y desaparece”.

El asceta practicante escuchó ese canto y se puso muy alegre, tanto como el sediento al encontrar agua o como un preso que logra su libertad, sintió que algo se desataba; pensó que esa era la verdadera enseñanza. Buscó de quién provenía tal canto y encontró a un demonio horrible. Dudando, se acercó al demonio y le pidió: “Si ese canto lo cantó usted, le suplico que me permita escucharlo hasta el final”.

El demonio le respondió: “Así es, yo lo canté, pero ahora tengo hambre; sino como algo no puedo cantar más”.

Entonces el practicante le pidió de nuevo: “Por favor cante, se lo suplico. Ese poema tiene un significado muy valioso, es lo que yo busco, pero sé que aún no ha terminado. Por favor, permítame escuchar lo que sigue”.

El demonio replicó: “Me muero de hambre, si como carne humana fresca y puedo chupar sangre caliente, cantaré más”.

Entonces el practicante le prometió que cuando terminara de escuchar el resto del canto le ofrecería su propio cuerpo; así el demonio accedió a cantar todo el poema: “Todo cambia, aparece y desaparece. Cuando se trasciende la impermanencia, surge la tranquilidad y el silencio”.

El practicante grabó ese poema en un árbol y en una piedra, luego subió a un árbol desde donde se arrojó con gusto ante el demonio. En ese momento el demonio regresó a su forma de dios y atrapó con suavidad el cuerpo del asceta practicante.

-Nirvana Sutra

Esta es la fábula que inspiró la poesía ‘IROHA’, también es una de las historias ‘Jataka’.

En la historia el asceta practicante ofrece su vida, pero no es para salvar a alguien como se muestra en otras fábulas, sino que es para escuchar la verdadera enseñanza.

La poesía que canta el demonio señala la esencia de La Enseñanza de Buda. Todos los sufrimientos surgen de los apegos, pero cuando se sabe que todo es impermanente ya no se tiene apego y se puede lograr la verdadera tranquilidad.

Se dice que la poesía “IROHA” está basada en esta fábula. Es una poesía que se hace con las 48 silabas de la escritura japonesa ‘kana’.

Iro wa nioedo / Incluso las flores que florecen

Chirinuru o / Tarde o temprano se disiparán

Wa ga yo tare zo / ¿Quién en nuestro mundo

Tsune naran / No está cambiando?

Ui no okuyama / Las montañas profundas de la vanidad

Kyō koete / Nosotros las cruzamos hoy

Asaki yume miji / Y no veremos sueños superficiales

Yoi mo sezu. / Ni seremos engañados

El significado es muy similar a la poesía que cantó demonio de la fábula: “En este mundo todo es impermanente”.

La “Ui” de “Ui no okuyama” en la poesía ‘IROHA’, quiere decir “lo hecho”; la vanidad.

Todas las cosas del mundo aparecen y desaparecen según múltiples causas y condiciones; sin embargo, nosotros no queremos mirar esa verdad y deseamos que al menos ‘yo’, no cambie nunca. Pensamos que ser joven y estar sano es la felicidad plena, en cambio, que el envejecimiento, la enfermedad y la muerte son cosas malas. Si seguimos pensando así la vida se volvería algo muy infeliz y en la cima de la infelicidad, tendríamos que morir.

Si uno nace, sin falta muere. Esta enseñanza parece pesimista, pero es la verdad pura más allá del pesimismo u optimismo.

Cuando uno acepte esta verdad tal cual sabrá agradecer humildemente por la vida recibida y sin temor ante la muerte que cada momento nos acecha. Sabremos tener ánimo de vivir aquí y ahora con tranquilidad.

No es fácil llegar a ese nivel, pero el asceta practicante de la fábula buscaba ese camino arriesgando su propia vida y trató de dejar esa enseñanza para nosotros grabándola en el árbol y en la piedra.


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