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El país en el que se abandonaba a los ancianos

Había una vez un país en el que se abandonaba a los ancianos. En ese país, todos cuando se volvían viejos, tenían que irse a lo profundo de la montaña; así era su ley. Un ministro de ese país no pudo dejar a su anciano padre en la montaña, le hizo una casita secreta en el fondo de la tierra de su jardín y lo escondió allí con todos los cuidados de su piedad filial.

De pronto sucedió una cosa... Apareció un dios y le hizo una pregunta muy difícil al rey del país.

“Hay dos serpientes. Si no distingues el sexo de cada una, destruiré este país.”

El rey no lo supo, ni nadie del palacio. El rey proclamó que, si alguien podía distinguir el sexo de las serpientes, le daría un gran premio.

Aquel ministro regresó a casa y en secreto le preguntó a su padre. El padre le contestó: “Es fácil. Pon las dos serpientes sobre una alfombra suave, la que se ponga más inquieta es el macho”.

Así pues, el ministro supo responderle al rey correctamente el sexo de las serpientes.

Pero el dios no dejaba de hacer preguntas difíciles. Nadie podía resolverlas más que el anciano padre escondido.

Por ejemplo, “¿Quién es aquel a quien estando dormido le dicen despierto y estando despierto le dicen dormido?” “Es un practicante que busca el camino hacia la Iluminación. Le dicen despierto comparado con alguien que aun no conoce el Camino, pero, comparado con quien ya alcanzó la Iluminación, le dicen dormido”.

“¿Cómo se puede pesar a un elefante?” “Se debe poner en un barco primero y luego marcar hasta donde se hunde el barco en el agua. Después sustituir al elefante con piedras hasta que se hunda el barco a la misma marca y luego pesar las piedras”.

“¿Qué significa decir que una cucharada de agua puede contener más agua que todo el mar?” “Si tienes un corazón puro, y le das una cucharada de agua a tus padres o a los enfermos, tu mérito es eterno. En cambio, aun el agua del mar puede acabarse un día”. Eso significa.

Luego el dios trajo a una persona moribunda por hambre y esa persona le preguntó al rey: “¿Existe otra persona que sufra más hambre que yo?” “Sí. Una persona terca, de corazón pobre y que no confía en los tres tesoros; Buda, Dharma y Sangha. Que tampoco respeta a sus antepasados ni a sus maestros. Esa persona tiene hambre y sed mental infinitas, tendrá que caer en ‘reino de los espíritus hambrientos’ y agonizar largamente”.

“Aquí hay una tabla del árbol canelo en forma cuadrada. ¿Qué lado estaba más cerca de la raíz?” “Al ponerse en el agua, la parte de la raíz es la que se hunde un poco más.”

“Aquí hay dos caballos; madre e hija, ¿Cómo se pueden distinguir?” “Dándoles pasto de comer, siempre la madre moverá el pasto hacía su hija”.

Todas las respuestas fueron correctas, le agradaron al dios y por supuesto al rey.

Luego, el rey supo que el anciano padre del ministro era quien resolvía todas las preguntas. Le agradeció profundamente por la sabiduría del anciano. Desde entonces, el rey abolió la ley del abandono de ancianos y en cambio, ordenó a todos los ciudadanos que los tratasen con respeto y los cuidasen como a sabios.

-Vinaya Pitaka


El sentido de envejecer.

En la sociedad moderna japonesa, se considera que la juventud es lo más valioso.

La palabra “Rojin” 老人, anciano, hasta puede molestar a la gente, pero en el budismo es diferente. En el Zen, al monje maestro se le llama “Roshi” 老師. El ideograma 老 “Ro”, originalmente tenía un sentido honorífico que significaba madurez y riqueza.

En la fábula se menciona que pudieron salvarse porque el anciano padre escondido, supo resolver las difíciles preguntas. El padre tenía mucha sabiduría, porque había vivido mucho.

Sin embargo, esta fábula no solamente señala una moraleja sencilla sobre el respeto a los ancianos porque saben y sirven, sino que, tiene algo más profundo.

Las respuestas a preguntas como, por ejemplo; cómo distinguir el sexo de las serpientes, cómo pesar un elefante, la madera del árbol canelo, los caballos madre e hija, son conocimientos que se van ganando a través de la vida, pero otras cuestiones como; “el practicante”, “una cucharada de agua” o “¿quién tiene más hambre?”, están relacionadas con la enseñanza de Buda. Aprender la enseñanza de Buda es tratar de vivir despertando ante la Verdad.

Aunque sea una sola cucharada de agua, si se ofrece con el corazón, tiene más mérito que la cantidad de agua del océano. Así también una persona que vive respetando a Buda [el Despierto], al Dharma [la enseñanza de la Verdad] y al Sangha [la gente que aprende y sigue la enseñanza de Buda] puede vivir con serenidad.

El sentido de envejecer está en ese camino, en ir obteniendo la sabiduría profunda de la vida. Parece que eso es lo que nos señala esta fábula.

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