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El rey Áyata Shatru


En la capital del reino de Magadha, en el tiempo en que Buda aún vivía, había un rey llamado Áyata Shatru. Era mentiroso, rebelde, sanguinario; un ser lleno de odio, ira e ignorancia. Él, por ambición y debido a conflictos familiares, atrozmente mató al rey Bimbisara, su propio padre.

Al matar al rey Bimbisara, Áyata se volvió rey, pero se enfermó gravemente a causa del arrepentimiento profundo por haber matado a su propio padre. Su cuerpo se cubrió de ampollas y apestaba tanto que nadie se acercaba a él. Entonces dijo: “Esta enfermedad es por el efecto negativo de mi karma, es un escarmiento y seguramente pronto seré llevado al infierno para sufrir eternamente”.

Su madre, Vaidehi, lo atendió con todos los remedios que podía, pero la situación no cambiaba.

El rey pensó desesperadamente: “Estas ampollas salieron de mi mente, no del cuerpo. Nadie me puede curar…”

Le dijo al médico Jivaka: “Jivaka, mi enfermedad es grave. Maté a mi padre, quien gobernaba el reino correctamente. Por ello no hay ninguna esperanza de que me cure. No tengo otra opción más que caer en el infierno.”

El médico Jivaka le respondió: “Mi rey, usted cometió un severo error, pero ahora está arrepentido. Está reflexionando profundamente y avergonzado por lo que ha hecho. Con ese corazón ahora puede merecer una cura.” Jivaka le recomendó que visitara a Buda.

El rey vaciló en ir por sentirse avergonzado, pero en ese momento escuchó una voz desde el cielo que le dijo: “Ve con Buda para liberarte”. Esa voz era del rey Bimbisara; al escucharla quedó aterrorizado, se desmayó de miedo y su enfermedad empeoró.

Desde lejos Buda veía al rey Áyata sufriendo por la enfermedad física y mental. Dijo: “Aún no entro al Nirvana por Áyata. Lo que significa “Aún no entro al Nirvana por todas las personas que sufren debido a sus apegos.” A penas dijo eso, resplandeció como la luz de la luna inspirando bondad en la gente; hasta iluminó el cuerpo del rey Áyata y enseguida se curaron sus ampollas. Ya recuperado, pero aún muy inquieto y preocupado, fue a ver a Buda junto con el médico Jivaka, ahora deseando curar su enfermedad mental.

El rey temía por el castigo, lo que le impedía creer que Buda lo aceptara y se dirigiera a él, cuando le dijo: “¡Rey Áyata!”. Pero poco a poco supo que era la voz de la compasión dirigiéndose a él y su corazón se llenó de felicidad.

Buda le dijo: “El rey Bimbisara me hizo ofrendas y por ese buen karma pudo volverse rey. Si no hubiera recibido su ofrenda, él no hubiera podido ser rey y así tampoco usted hubiera matado a su padre. El hecho de matar a su padre es un delito, pero en tal caso, también yo tengo la misma responsabilidad porque estuve involucrado en una de las condiciones causantes.”

El rey Áyata se conmovió profundamente por la extraordinaria generosidad y por la suprema bondad del corazón de Buda. Prometió lograr la iluminación para sanar todos los corazones malvados de la gente. Incluso pensó que, para lograrlo, aceptaría caer en el infierno y recibir todos los sufrimientos.

-Nirvana Sutra

Descubrir la compasión desde el sufrimiento

En la vida suceden inesperadamente cosas tristes y terribles. A través de esos sucesos puedes conocerte a ti mismo o conocer la bondad de los demás y cambiar tu manera de ser y de vivir.

El protagonista de esta fábula, el Rey Áyata, mató a su padre para obtener todo el poder. Al reconocer su responsabilidad se supo merecedor del infierno y comenzó a padecer un remolino de sufrimientos.

Quienes ayudaron al arrepentido rey Ájata para liberarse fueron sus padres, el médico Jivaka y el mismo Buda. Estas cuatro personas tuvieron una misma actitud ante el rey; la actitud sincera de total empatía y comprensión ante alguien que sufre. En el budismo a esa actitud se le llama ‘Compasión’, 慈悲 -Jihi- en japonés. Esa compasión curó paulatinamente el corazón del rey.

Su madre Vaidehi no dejó de atender a su hijo que estaba desolado y muy desesperado. El médico Jivaka le enseñó que su actitud de arrepentimiento era lo más importante como un ser humano. Sentía vergüenza en sí mismo y estaba apenado ante los demás, por eso le recomendó que viera a Buda, aprendiera y siguiera sus enseñanzas. La voz de su padre le insistió también para que visitara a Buda, aunque sintiese pena.

¿A quién representa el rey Áyata?

Buda al ver a Áyata aterrorizado por la voz de su padre muerto, dijo: “Aún no entro al Nirvana por Áyata”. Es decir, que no podía entrar al Nirvana todavía sin antes haber salvado a la gente que sufría como él.

Áyata se presentó ante Buda esperando ser reprendido fuertemente, pero Buda le habló con excelsa compasión. Le dijo: “Yo fui una de las condiciones causantes de tu crimen, por eso tu crimen es mi crimen también”. Eso en sí mismo fue una gran enseñanza.

Desde ese momento la profunda compasión de Buda fue cambiando positivamente a Áyata. Se dio cuenta que ya no estaba solo e incomprendido. Quedo tan agradecido con Buda por haberlo liberado que hasta brotó en su corazón el desearle la felicidad a los demás.

Eso significó un cambio drástico en su vida, de ser extremadamente egoísta pasó a una nueva vida dedicada a servir a los demás; así hubo una persona más que se hizo discípulo de Buda.

A propósito, ¿quién es el egoísta Áyata?

“Áyata” no solamente es el nombre del protagonista de la fábula, sino que nos representa a nosotros mismos; a todos. Esta fábula nos muestra que cada uno somos “Áyata”.

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