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Es fácil ver el error ajeno

“Es fácil ver el error ajeno y es difícil ver el error de uno mismo”.

-Dhammapada (18.252)

Un ser humano no puede crecer solo. Se crece conviviendo con varias personas y aprendiendo de ellos.

Si uno trata de imitar lo bueno de otros y evita imitar lo malo de otros, uno debería disfrutar las relaciones humanas.

Sin embargo, cuando uno empieza a disgustarse con una persona, de repente comienza a notar sus puntos negativos, y si esa persona se equivoca en algo, hasta se le puede odiar.

Entonces, ya no se acerca a esa persona para corregir sus errores amablemente, al contrario, se distancia de ella cada vez más.

Pero, si es un error propio, uno intenta justificarse; dice muchas excusas hasta incluso mentiras y el asunto se pone peor. No se sabe decir simplemente “perdón”, sino que, puede ponerse mucho peor la situación.

Confucio también lo dijo; “si cometiste un error, sin dudar en nada, tienes que corregirlo.”

Desafortunadamente nosotros somos buenos para criticar los errores de otros, pero malos para aceptar los propios errores. Siempre nos llenamos de excusas. Pero es verdad que, si queremos ser una persona honesta, debemos saber disculparnos.

En el budismo, el acto de admitir los propios errores que se han cometido ante un monje y pedir una disculpa, se le llama “zangue”. Hay personas que tratan de hacerlo siempre.

Antes de que critiquemos los errores de otros, respiremos profundamente y reflexionemos sobre nosotros mismos.


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