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  • EKO de México

La balsa

Había una vez un hombre que después de un largo viaje, llegó a la orilla de un gran río y pensó: “Este lado es peligroso, la otra orilla es más segura y podré estar a salvo”. Construyó una balsa y cruzó en ella, tranquilamente, hasta la otra orilla. Ya en la otra orilla pensó: “Esta balsa me trajo hasta acá. Me sirvió bastante, por eso no la tiraré; la llevaré conmigo cargándola en hombros”.

¿El viajero hizo lo debido con la balsa? La respuesta es, no.

Esta metáfora nos muestra que aun tratándose de algo bueno o correcto; no hay que tener apego por ello, hay que soltarlo. Con mayor razón tratándose de algo malo o incorrecto.

-Del Canon Pali

El miedo a asumir lo que es correcto

Uno suele asumir como correcta su propia interpretación, una vez que supone o cree que es la correcta.

A pesar de que es una de tantas interpretaciones uno cree que la suya, es la única y la correcta.

Aunque esté equivocado y no obstante de darse cuenta, uno no puede aceptar sus errores. Mucho menos cuando es otra persona quien señala la equivocación.

¿Por qué sucede eso? Porque esa interpretación se vuelve parte de uno mismo. Cuando se rechaza su interpretación, se siente como si se rechazara uno mismo. Si se rechaza a sí mismo, es difícil seguir viviendo. Es por eso por lo que, desesperadamente, uno se empieza a defender sí mismo. Entonces, para defenderse tiene que defender como correcta su interpretación a pesar de todo.

Esto se llama “apego”; un corazón atrapado por sus cosas y por sí mismo.

Si todos tienen el mismo apego por sus propias interpretaciones, empezará un conflicto interminable. Cada uno pensará que la suya es la única y la

correcta, todas las demás serán las equivocadas. Todos rechazarán las otras y todos se sentirán rechazados.

Así nadie puede estar satisfecho.

Sin embargo, nadie quiere soltar sus apegos. Se prefiere estar entre pleitos e insatisfechos, sin querer negarse uno mismo.

¿Qué es lo que realmente debe hacerse?

Al pensar en uno mismo, ya sabemos lo difícil que resulta soltar los apegos.

La metáfora de la balsa nos advierte que, aunque se esté en lo correcto no hay que tener apego por eso; hay que soltarlo. Más aún al tratarse de algo malo o incorrecto.

Entonces, ¿qué debe hacerse con ‘la balsa’?

“Esta balsa me trajo hasta acá. Me sirvió bastante”. Ahora es preciso dejarla o hundirla en el agua y seguir el rumbo nuevamente.

Una persona capaz de decir eso, es quien comprende correctamente ‘la balsa’.

Una balsa existe para cruzar el río, no para cargarla en hombros por la tierra. Ya que realizó su trabajo, ahora, no se debe tener apego por ‘la balsa’; solamente con gratitud dejarla en su lugar.

Desarrollarse paso a paso con lo que se debe aprender.

Existen enseñanzas apropiadas según los pasos del crecimiento de una persona. Cierta enseñanza es apropiada en una etapa, pero en la siguiente tal vez no.

En cada etapa hay nuevas enseñanzas. Si se tiene apego por las enseñanzas anteriores, aferrándose en ello, quizá no se podrá adaptar en la nueva etapa.

Tratemos de no tener apego por las enseñanzas previas, dejémoslas con agradecimiento para aprender y practicar las nuevas enseñanzas de la etapa sucesiva.


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