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  • EKO de México

Las túnicas viejas

Cuando Syamavati, la reina consorte del Rey Udyana, le entregó a Ananda como ofrenda quinientas túnicas nuevas, Ananda las recibió con gran satisfacción.

El Rey, al saberlo, sospechó que Ananda las había recibido por codicia como los hombres comunes. Entonces, el Rey, le preguntó a Ananda: “¿Qué vas a hacer con las quinientas túnicas nuevas?” Ananda le respondió: “Voy a distribuirlas entre mis hermanos.” “¿Qué van a hacer con las túnicas viejas?” “Con ellas vamos a hacer sábanas”. “¿Qué van a hacer con las sábanas viejas?” “Vamos a hacer fundas de almohada”. “¿Qué van a hacer con las fundas viejas?” “Vamos a hacer alfombras”. “¿Qué van a hacer con las alfombras viejas?” “Vamos a hacer toallas para limpiar los pies”. “¿Qué van a hacer con las toallas viejas?” “Vamos a hacer trapos para fregar el suelo”. “¿Qué van a hacer con los trapos viejos?” “Gran rey, nosotros los desmenuzaremos y los mezclaremos con lodo para hacer las paredes cuando construyamos una casa”.

-Fragmento sin referencia del original sánscrito;

en japonés es, “Zohozokyo”

¿Cuál es la esencia de la ‘ropa vieja’?

Obviamente esta fábula habla de la ecología, pero no solamente de eso.

Nosotros pensamos que la ropa únicamente es para vestirnos. Pero si reflexionamos en que es una tela, entonces, se puede convertir en mil cosas.

Como lo expone la fábula; la ropa vieja y rota se puede ir transformando en sábanas, fundas de almohadas, alfombras, toallas, trapos para fregar y hasta material de construcción.

Así se logra que una tela siga activa en diferentes formas. Podemos pensar que las cosas también tienen ‘vida’ y que siguen viviendo en varias formas distintas.

Fácilmente somo atrapados por los estereotipos sin darnos cuenta.

Si pensamos en una “túnica” sólo como túnica; entonces sólo es algo para vestir un monje y no podemos pensar en otra cosa más allá. Esto es porque pensamos partiendo de un estereotipo.

“Túnica” es un sustantivo para referirse a una característica usual nada más, pero en realidad se trata de una tela, de un material. Una vez que le ponemos nombre a algo, empezamos a estancarnos. Lamentablemente no estamos conscientes del funcionamiento de este proceso del pensamiento en todos los aspectos de la vida.

El apego siempre nos está rondando sin que nos demos cuenta. Esta fábula nos enseña que no debemos ver desde un solo punto de vista.


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