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  • EKO de México

Lo mío

“Este hijo es mío, este tesoro es mío; pensar así causa sufrimiento. Pues, ni uno mismo se pertenece, ¿cómo podría ser que un hijo o un tesoro sean pertenencia propia?”.

-Dhammapada (5.62)

“Yo mismo no soy mío, yo no me pertenezco” este es un pensamiento siempre actual.

Por ejemplo, podemos pensar que un hijo es casi un doble del padre o la madre. Y en cuanto a las propiedades, el dinero y otras cosas de valor, se supone que le pertenecen a quien trabajó y ganó todo eso.

Sin embargo, no puedes controlar nada de eso.

A pesar de las esperanzas de los padres, los hijos a veces se ponen rebeldes, salen de la casa o se enferman y mueren. Un hijo es un individuo, por eso tiene una diferente opinión y conducta que la de sus padres. No es fácil que sean tan obedientes.

Sobre los valores materiales, por distintas circunstancias disminuyen y hasta puede perderse todo. Puede quebrar el negocio y puede destruirse la casa.

Algo que sea verdaderamente propio, debe poder controlarse.

Sin embargo, no podemos controlarnos ni a nosotros mismos. Deseamos que las cosas nos convengan para siempre pero no es fácil.

En el budismo se considera este tipo de dificultad como ‘toparse con la realidad de la impermanencia’.

Buda nos enseña que “Saber que nada te permanece es la sabiduría y el camino para alejarse de los sufrimientos.”

Es decir, nos enseña que nada material ni la mente o el ambiente alrededor de ti, nada es tuyo.

Porque todo en el mundo es impermanente, es un proceso en constante cambio.



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